El proceso de Li

25 Jun 14
Jorge Sancho Vargas | jsanchovargas@hotmail.com

Jorge Sancho, columnista.
No hay discusión, la participación de la Selección Nacional en Brasil 2014 es la mejor de cualquier representación patria en una Copa Mundial de la FIFA y por suerte son los justos quienes se pueden adjudicar la paternidad.

A mi parecer, dos personas tienen la autoridad moral de decir que ellos son los responsables de haberle dado una verdadera oportunidad a la tricolor de competir de tú a tú en el Mundial que se juega actualmente: Eduardo Li, presidente de la Fedefutbol y Jorge Luis Pinto, director técnico nacional.

Entre ambos una única condición los hace ser esos responsables, solo esa condición tienen en común, y es la que a la larga tiene a casi 5 millones de costarricenses sacando pecho, sintiéndose orgullosos de pertenecer a un pueblo específico, gracias a lo más importante de las cosas sin importancia que tiene la vida: el fútbol, para parafrasear al argentino Jorge Valdano. Esa condición es “el compromiso”.

“Cuando lo iba a contratar solo le pregunté una cosa”, ha dicho el jerarca federativo. “Le dije que yo estoy comprometido al 100 por ciento con la Selección Nacional y si quería ser el director técnico, tenía que prometerme estar comprometido al 200 por ciento”, cerró Li.

Pues hoy día a todos nos consta que ese compromiso de Pinto no fue del 200 por ciento, más bien fue del 1000 por ciento. Gracias a esa responsabilidad, a esos deseos de ir a un Mundial, de ser cada día mejor y ese compromiso adquirido, Jorge Luis Pinto Afanador y su credibilidad demostrada y capacidad de convencimiento, ha hecho que un grupo de muchachos, hasta hace poco considerados como pertenecientes a la generación de futbolistas más malos de los últimos 25 años, se convirtieran en la mejor generación de toda la historia del fútbol costarricense.

Y si Jorge Luis Pinto hizo eso, de rebote demostró ser el mejor director técnico que ha entrenado en Costa Rica y a Costa Rica. ¿Empero, compromiso, deseo, esfuerzo y trabajo son suficientes para alcanzar lo logrado en Brasil 2014? Por supuesto que no... Para que el paquete estuviera completo y funcionara casi a la perfección, se necesitaba algo que en nuestro fútbol -por no decir país- había sido extraño desde 1921, cuando se fundó la Fedefutbol e ingresamos al concierto mundial: el proceso.

Eduardo Li sabía lo que quería e iba a amarrarse a su silla para que nadie lo moviera de ahí, hablara quien hablara, se dijera lo que se dijera, y estuviéramos en el aserradero que estuviéramos. También Li  recibió un poco de ayuda de su “amigo” Pinto. Pues aquel hombre enojón, prepotente, de pocas palabras y a quien no le importaba poner en su lugar a los babosos y sus babosadas, había aprendido la lección de hacía ocho años y bajó el tono, dejó la prepotencia, escondió sus enojos y supo manejar un medio de por sí difícil y que se cree dueño de la verdad, aunque nunca la haya visto a los ojos. Pinto vino a esta tercera etapa de su vida en Costa Rica siendo otro, como ya sabía a lo que venía hizo los ajustes necesarios y tomó el camino adecuado que él siempre supo le llevaría al éxito, pero que el entorno y sus maneras le impedían una y otra vez.

Claro, si Li necesitó esa ayuda de Pinto, este último también necesitaba ayuda de “El Chino”, porque el entorno y las “víboras”, además de los “leñadores”, no se iban a quedar tranquilitos y calladitos, así porque así. Hubo tormentas, hubo terremotos, hubo veneno, hubo serrín, de pronto el piso se convirtió en cuerda floja, pero Eduardo Li siguió sentado en su silla, le puso el pecho a las balas y mantuvo a Pinto contra todos esos que creen tener siempre la razón, y nunca han demostrado saber de qué hablan.

Es muy probable que dentro de la organización Lí haya necesitado y tenido aliados y hasta enemigos. Es más, se dice que esos enemigos no quieren a Pinto en el cargo para Rusia 2018, pero después de Brasil 2014 dudo que tengan el valor de decirlo abiertamente. Necesitó aliados porque aún en las organizaciones nacionales se maneja el concepto democrático (que no es sinónimo de inteligente) de que las mayorías mandan y no se equivocan, para poder seguir sentado en la silla que decía “Pinto empezó y Pinto termina el proceso”.

De esta manera se logró el éxito, pero desgraciadamente no sabemos si repetir la fórmula nos llevará a ese mismo lugar. No lo sabemos porque como escribimos más arriba, el proceso no está completo, ni será exitoso si no va acompañado del compromiso, con el trabajo, con el país, con el equipo, con la organización, con la consciencia, con el esfuerzo y hasta con el sufrimiento. No con el sacrificio, ese es el único que no debe estar y nunca estará, aunque en el mundillo futbolístico amen utilizar ese concepto como parte de su vida diaria.

Ese no existe, porque la mejor y más grande deportista que ha tenido Costa Rica, como lo es Claudia Poll, única medallista dorada en Juegos Olímpicos en nuestra historia patria, fue clara cuando frente a la prensa afirmó: “El día que yo sienta que estoy haciendo un sacrificio, ese día me retiro”. El que hace lo que ama y lo que quiere, nunca estará haciendo un sacrificio. En fin, Li no hubiera hecho nada sin Pinto y Pinto no hubiera logrado lo que hizo y hace, sin los jugadores, quienes creyeron en él, se entregaron por él y sus ideas, y jugaron por un país, un pueblo, una idea, y trabajo.

Hasta un intangible que no tuvo que ver ni con la Federación, ni con el entrenador, ni con los jugadores, ni con la afición, ni con el país cada uno por separado, sino que tuvo que ver con todos, a quienes se les sumó el orgullo, la indignación, la ira y el deseo de demostrarle al mundo que con Costa Rica no se juega (me disculpo por utilizar una frase que sirvió de propaganda política) como fue la barbaridad que nos hicieron a todos en Denver, Colorado, fue importante y se convirtió en el catalizador que faltaba para alinear todos los factores y señalar el camino que hoy puso a un país tercermundista de apenas 52 mil kilómetros cuadrados y casi 5 millones de habitantes, en la boca, cerebro y admiración del planeta entero, duelale a quien le duela.

Así, dirigencia, equipo, afición y prensa juntos dentro de un proceso, resultó en éxito.

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