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¿Cuánto vale tener una superestrella?

Este viernes a eso del mediodía el técnico Óscar Ramírez hará oficial lo que ya varios medios de comunicación anunciaron ayer: Keylor Navas, la figura del Real Madrid y gran luminaria de la Selección de Costa Rica, no estará para los partidos ante Haití y Panamá, los primeros pasos en el largo camino hacia el Mundial de Rusia 2018.

La noticia, comunicada con poco oportunismo a la Federación Costarricense de Fútbol por el conjunto blanco y filtrada por alguna (o varias) de las tantas voces que abundan en los pasillos del Proyecto Gol, le pondrá a Navas el último de los adornos que lo consagran como un grande: las restricciones.

La lesión que lo sacó de la pasada Copa de Oro y la incertidumbre que lo alejó de los amistosos ante Brasil y Uruguay, de alguna forma fueron preparando a la afición –y a la misma Federación- para esto que hoy los golpea con asoladora realidad, esa ley no escrita que dice que toda estrella se debe a su club, y que la “keylormanía”, como cualquier otro fenómeno, tiene un precio.

La situación es simple y demasiado conocida: Keylor, como buen profesional, se debe a su club tanto como a su Selección, pero es el primero el que paga la fiesta, pone el ritmo (casi siempre) y corre con los gastos; el segundo ofrece exposición y ese invaluable orgullo patrio, pero nada más.

Al igual que Argentina tuvo que sentar a Lionel Messi en el banquillo en aquel recordado episodio en el Estadio Nacional, el planeta fútbol está repleto de historias de lesiones cargadas de oportunismo hacia los intereses de los clubes e infortunio para los equipos patrios. Golpes que llegan antes del llamado y se van tan pronto como el peligro pasa.

Con un Madrid que sufrió -y sufre- con fuerza los estragos del llamado “virus FIFA” en la pasada jornada de amistosos, la posibilidad de que su portero titular y una de sus principales figuras  se ausente del inminente clásico español no está dentro de los riesgos a aceptar, ni para el club ni para el propio Navas, que de seguro lleva su buen rato soñando con ese momento.

Así que aquí la lógica se impone. Keylor tenía que jugar el duelo ante el PSG en el Bernabéu el martes anterior y tiene (sí o sí) que estar ahí mismo para jugarse un pedazo grande de la liga contra el Barça el próximo 21 de noviembre. El Madrid lo exige, él lo quiere y, casi de seguro, su país también.

La Selección lo volverá a tener cuando el calendario se lo permita y su afición posiblemente tendrá el chance de verlo de cerca cuando llegue el cierre de la cuadrangular o inicie la hexagonal (si todo sale como debe), así que aquí todo se resume en paciencia.

El Machillo lo sabe, pero para su fortuna (y la de un país) las opciones de reemplazo abundan, ninguna con el aura y talento del titular, claramente, pero todas a la altura de la obligación.

Lo demás se resume en aceptar lo obvio. Keylor Navas ya hace rato excedió las fronteras de nuestra humilde realidad y ahora toca soportar lo que viene, pagar nuestro costo de la grandeza, el precio de tener una superestrella.

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Juan José Herrera Ch.

 | Graduado en Periodismo de la Universidad Internacional de las Américas y licenciado en Comunicación y Mercadeo por la Universidad Latina. Laboró en la sección de Deportes de La Nación durante siete años.

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