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Si no era Wanchope... ¿Quién?

La decisión de la Fedefútbol de encomendar a Paulo César Wanchope el camino hacia el Mundial de Rusia 2018 llegó, como cualquier otra de fútbol, acompañada por las posiciones encontradas de partidarios y opositores, todos llenos de esas verdades absolutas que todos los días afloran en los corazones de una afición demasiado difícil de complacer.

Así, la balanza que evaluó a la Cobra se llenó demasiado rápido de pros y contras: su buena relación con el grupo y conocimiento del medio pronto se enfrentaron a su falta de experiencia y al parecer también de carácter, para muchos demasiado afable para rectificar con éxito los males de la idiosincrasia tica.

Su escaso currículo cuando se trata de banquillos sonó con fuerza en las voces del "no", más allá de que las del "sí" se esforzaran por explicar que tres años al lado de Jorge Luis Pinto dejan mucho, y que esa falta de cartel se traducirá en un ahorro importante en los bolsillos del humilde balompié nacional.

Es aquí, en ese ejercicio tedioso, donde una y otra vez me pregunto lo mismo. Si no era él... ¿Quién? 

Sobre la mesa de la Federación, alguna vez atiborrada de opciones, ya no quedaba ninguna. No había una sola posibilidad real, que resultara viable o posible, para pensar ya en ese técnico de renombre que viniera a llenar la larga lista de necesidades que se plantearon para el puesto. 

La apuesta fallida de la Fedefútbol por Ricardo Gareca agotó de inmediato otras cercanas, dejando que el receso invernal se fuera y con él otro puñado de oferentes que no podían, ni querían, colgarse el cartel de plan B. 

Y mientras tanto el reloj corría, tanto que permitió que las atesoradas memorias de Brasil 2014 cumplieran seis meses, llenando a la octava selección del Mundial de una urgencia prematura e incómoda, impensada cuando la euforia seguía fresca.

Nombrar técnicos de memoria es fácil, soñar con la posibilidad de un Marcelo Bielsa o un José Pekerman, gratis. Pero así no se lleva un técnico al banquillo tricolor, no es nada más señalar y pedir, es buscar un currículo de un grande con un salario de pequeño, una labor titánica para un futbolito enano. 

El claro ejemplo es aquel de Ricardo La Volpe años atrás. El argentino y su "cartelito" pudieron haberlo hecho todo mal, pero al menos dejaron una enseñanza enorme en la Federación, la de buscar un técnico que llegue con la convicción y el deseo de trabajar.

Ya el presidente de la Comisión de Selecciones, Adrián Gutiérrez, había dejado claro que el argentino, por su salario (arriba de los $50 mil), pensaba que estaba haciendo una caridad, y a partir de ahí todo lo demás se explica fácil.

Entonces mi voto va para Wanchope, porque era la opción más lógica, la más idónea a este punto y por mucho la más real de las que habían. Traer a un extranjero solo por serlo es una tontería propia de los fanáticos, y aspirar a un nombre grande una amenaza de desfalco. 

Además, estamos en el periodo donde se permiten esas pruebas, no porque sea correcto, sino porque existe el margen de maniobra, y bajo esa incómoda realidad es mejor probar barato que caro. Lo último es que Chope ya adelantó ese proceso de probar y conocer jugadores, que tiene certeza del terreno sobre el que camina y que, guste o no, ya se había ganado el derecho de tener su oportunidad.


Juan José Herrera Ch.

 | Graduado en Periodismo de la Universidad Internacional de las Américas y licenciado en Comunicación y Mercadeo por la Universidad Latina. Laboró en la sección de Deportes de La Nación durante siete años.

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